Platón decía que la geometría sagrada es el lenguaje del alma. Durante miles de años, la geometría sagrada ha formado parte de casi todas las culturas.

La geometría es la disciplina que mide la tierra; y aunque coloquialmente la relacionamos con figuras abstractas que, cuando aparecen en el mundo natural, resultan sorprendentes y casi milagrosas; en realidad, la geometría es la matemática del espacio.

El carácter sagrado de la geometría viene dada cuando uno asume que la manera en que se configuran las formas en el espacio no puede más que ser evidencia de que hay un orden o inteligencia superior que configura la existencia.

Así, la geometría sagrada definitivamente contiene un elemento espiritual y es un valioso intento por desvelar la “lógica del universo” y asociar las figuras presentes en el mundo a una dimensión distinta de su propia materialidad; otorgándoles una naturaleza simbólica. 

Desde un simple átomo o una hoja de un árbol hasta una inmensa galaxia o un bosque responden a un mismo patrón geométrico. Támbien responden a esto al aden, la m

Encontramos el mismo patrón geométrio, ratios y medidas en todo; todo responde al mismo  ordén. Desde un simple átomo a ser vivo, el ADN, la música, el lenguaje, hasta una inmensa galaxia.

Arquetipos geométricos

Hay 7 formas principales dentro de la geometría sagrada: los cinco sólidos platónicos, el círculo y la espiral.

Los cinco sólidos son el tetraedo, el cubo, el octaedro, el icosaedro y el dodecaedro; todas ellas son formas simétricas, todos sus ángulos son iguales, y caben dentro de la matriz universal, que es la esfera.

Un arquetipo es hermético “como es arriba es abajo”, es perfecto e inmutable, y tiene un significado simbólico y psicológico.

Los arquetipos geométricos más conocidos son:

La flor de la vidaQue es

El cubo de metraton

La vesica piscis

Los tubos toros (nudo gordiano, tibetano…)

La estrella tretraédrica (merkaba)

Aplicaciones de la geometría sagrada

Observar, contemplar, meditar con estos códigos en nuestro día a día nos re-ordena, nos conecta con nuestra coherencia interna, con nuestro corazón, nos recuerda que somos partes de un todo, que tiene sus propios ritmos, ciclos y relaciones.

Nos permite confiar y fluir con la vida, aportándonos una profunda sensación de paz, nos ayuda a pensar de forma más innovadora; todo ello nos lleva a convertirnos en creadores conscientes de nuestro camino de vida.

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