Aprendimos en la escuela que el cuerpo humano tiene más de un 70% de agua pero no aprendimos la verdad y las bondades de este elemento que tiene la capacidad de recibir y transmitir información en forma de ondas y frecuencias.
Poniendo un poquito de ciencia empírica en este post, todos sabemos que el agua es una sustancia cuya molécula está compuesta por 2 átomos de hidrógeno y 1 de oxígeno (H2O) unidos por un enlace covalente.
Lo que no sabemos la mayoría es que el agua es un compuesto muy común en nuestro sistema solar y en el universo y que la mayor parte del agua que existe en el universo se cree que puede haber surgido durante la formación de estrellas.
El agua es capaz por su naturaleza intrínseca de recibir, retener y devolver información, ya que oscila entre los estados coherentes y no coherentes; esa es la base de la homeopatía pero tambíen la de otros métodos capaces de informar al agua.
No han sido pocos los científicos e investigadores que a lo largo de los dos últimos siglos han demostrado que el agua es un poderoso grabador de frecuencias; varios de ellos intentaron crear una corriente científica favorable a tan extraordinarios descubrimientos no sin encontrarse con la censura, el ataque y la difamación de la ciencia oficial del momento.
Pero yo pongo el acento en un divulgador, no científico, que desarrolló un bello trabajo con la finalidad de manifestar y explicar la existencia de la información contenida en el agua, sin la necesidad de entrar en conceptos relativos a la ciencia, la física y la química.
El Doctor Masaru Emoto llevó a cabo como experimento la realización de más de diez mil fotografías de gotas de agua congeladas, con la finalidad de comparar su aspecto y la forma en la que cristalizaban.
En 1994 Emoto tomó unas muestras de una fuente de agua pura en Japón, congeló unas gotas y las examinó bajo un microscopio electrónico, las fotografías mostraron hermosos hexágonos cristalinos parecidos a copos de nieve; realizó el mismo experimento con agua de un río contaminado, congeló y fotografió unas gotas y comprobó que la imagen que aparecía en ellas no era un hermoso hexágono sino una forma desestructurada y amorfa.
Su investigación no paró ahí, sino que continuó hasta mostrar cómo los pensamientos, las emociones, las palabras, la música, una imagen, un texto influyen sobre la estructura molecular geométrica del agua.
Para ello Emoto dividió en dos categorías los estímulos a los que expuso el agua que más tarde fotografío. La categoría positiva incluía música clásica, palabras positivas como “gracias” o “amor” e imágenes alegres y bellas. En su categoría negativa, incluyó música estridente, palabras negativas como “odio” e imágenes de gente sufriendo. La investigación concluyó con que los estímulos positivos formaban cristalizaciones de una gran belleza, con formas simétricas y armoniosas, mientras que los estímulos negativos daban como resultado formaciones asimétricas y amorfas.
Emoto demostro con esta investigación que los pensamientos humanos y las emociones son capaces de modificar la estructura molecular del agua.
“El pensamiento humano, las palabras, la música, las etiquetas en los envases, influyen y mejoran o empeoran la morfología del agua. Si el agua lo hace, nosotros que somos 70-80% agua deberíamos comportarnos igual”. Los mensajes del agua, Doctor Masaru Emoto.
Con esta conclusión cabe enfatizar el gran poder que tenemos al elegir nuestros pensamientos, palabras e intenciones, para manifestar una vida cada día más plena y equilibrada. Tenemos la capacidad de mejorar nuestra vida tan solo con nuestra actitud y nuestros pensamientos.
Podéis leer más en su libro “Mensajes del agua” y “Los mensajes ocultos del agua”.